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Más productivo, Menos horas

La lucha por protecciones laborales comenzó en el siglo diecinueve, cuando el mundo estaba siendo transformado por la primera revolución industrial. El cambio rápido en la tecnológica transmutó empresas a entidades internacionales capaces de producir bienes a mayor escala. Sin embargo, a pesar de que se incrementaban las utilidades e ingresos en el mercado privado, existió un costo en el mercado laboral. Figuras, como Robert Owen y Thomas Percival, inspiradas por la literatura socialista lucharon por jornadas de ocho horas, el derecho a formar sindicatos, la prohibición de una fuerza laboral infantil, entre otros. Estas protecciones están codificadas en la Declaración Universal de Derechos Humanos, sin embargo, ¿Será momento de realizar cambios a esta ideología?


En su momento la primera revolución industrial transformó al mercado de empleo, hoy en día la cuarta transformación industrial tiene efectos semejantes. La fuerza laboral es cada vez más productiva gracias a la inteligencia artificial, la automatización y la realidad virtual las cuales han permitido realizar los mismos trabajos de antes en menor tiempo. Esta necesidad de urgencia lleva a empleadores a exigir mayor productividad de sus colaboradores, asumiendo que obtendrán mayor productividad al retener a sus colaboradores con más horas de oficina.


A pesar que herramientas modernas permiten incrementar productividad en funciones laborales, no es influenciada por las horas trabajadas. En México, Italia y Noruega se trabaja en promedio 2,257, 1,723 y 1,419 horas anualmente, respectivamente. Sin embargo, el Producto Interno Bruto (“PIB”) por hora de los mismos países es de $21.6, $57.4 y $83.1, respectivamente. México es de los países que trabaja más en el mundo, sin embargo, ¿Por qué Noruega trabaja 46% menos y produce 117% más?


Un equipo de investigadores de la Universidad de Boston realizó un estudio para determinar la diferencia entre la productividad de empleados. Sin embargo, se determinó que “gerentes no podían diferenciar entre empleados que trabajaban ochenta horas a la semana, a aquellos que solamente pretendían hacerlo”. Para poder determinar que hacían empleados de oficinas corporativas en su jornada laboral, la empresa Invitation Digital, Ltd. realizó una encuesta y determino que el empleado promedio trabajaba solamente dos horas y cincuenta y tres minutos en una jornada de ocho horas. El resto del tiempo lo utilizaban para navegar redes sociales, socializar en la oficina, buscar nuevo empleo, y realizar otras actividades no relacionadas con sus funciones.


En el siglo veinte, Ford Motor Company redujo la jornada laboral de trece horas a ocho horas. Para la sorpresa de la industria, la productividad de empleados incremento y permitió a la empresa duplicar su margen de utilidad neto en solamente dos años. Con las nuevas transformaciones tecnológicas, se debe considerar si la jornada laboral debe transformarse también.


La empresa Perpetual Guardian buscó aumentar la productividad de sus empleados y, en conjunto con la Universidad Tecnología de Auckland, realizo un experimento donde disminuyo la jornada laboral por 22%, esto es, redujo la jornada laboral de cuarenta horas a treinta y dos, manteniendo el mismo salario. Los resultados del experimento demostraron que productividad incremento por 20%, satisfacción de empleados aumento por 24% y se redujo la rotación laboral significativamente. La ciudad de Gothenburg realizo un experimento similar al implementar una jornada laboral de seis y obtuvo resultados semejantes. Empleados de diversas industrias tuvieron un incremento de productividad de 64% y se disminuyeron significativamente casos de ausentismo. Dichos resultados fueron avalados por la Universidad de Warwick, quien encontró que la felicidad en empleados llevo a un incremento de 12% en productividad, y empleados infelices sufrían una disminución de 10% en su productividad.


La jornada laboral de ocho horas es una reliquia de un tiempo donde no existía tecnología que permitía realizar funciones intelectuales rápidamente y eficazmente. Dicha reliquia anticuada fomenta la Ley de Parkinson, la cual indica que “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”. Esto es, entre mayor tiempo se tenga para realizar una función, se tardará el mayor tiempo posible para terminarla.

Se debe cambiar la mentalidad errónea que existe de productividad en los empleados. A diferencia del siglo diecinueve, la presencia aumentada de un empleado ya no se ve reflejada en un incremento en productividad. El invento de tecnología moderna ha permitido automatizar funciones y trabajar de forma más eficientemente, por lo que debemos enfocarnos en calificar resultados en vez de presencia. Adam Grant, psicólogo organizacional y autor del libro Originals: How Non-Conformists Move the World, comenta “Cuanto más complejos y creativos son los trabajos, menos sentido tiene prestar atención a las horas. Como la mayoría de los humanos los líderes son notablemente buenos para anclar en el pasado, incluso cuando es irrelevante para el presente".


Fernando Palacios Colmenero

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